Todos los veranos acaban en septiembre

Hace un año (aproximadamente) que imprimí 200 fotos, colgué un mural hecho con papel de regalo en mi salón/habitación. Luego fui agrupando esas fotos en “épocas” y fui pegando el comienzo en el mural hasta llenarlo.

A día de hoy, una cuarta parte de esa primera tanda de fotos, correspondiente a mis tres años en Tarifa, siguen pegadas en ese mural. Las veo todos los días, y todos los días me lamento de no darle más vidilla al proyecto.

Compré un cuaderno (de esos Moleskine con tapas de cuero) para ir organizando las fotos en una especie de pre maquetado y que de vez en cuando hojeo pensando “joder, solo son fotos de Instagram, cualquiera las puede ver buscando mi cuenta” y otras veces pienso “de esto saldrá algo guay, vamos a darle caña” entonces maqueto un par de páginas más.

Además, creo que voy a servirme de parte de los textos que voy poniendo por aquí para adornar la cosa. O ajarla, a lo mejor.

Así que aprovechamos que el verano ha terminado y que el auténtico comienzo del año ya está aquí para imprimir energía a mi pequeño y humilde proyecto. No quiero que Llolker protagonice un regreso que nadie espera. Como el de los Tequila.

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